La deshidratación parece más común durante el verano, propiciada por el calor, que nos hace sudar más y someter el cuerpo a altas temperaturas. Sin embargo, aunque parezca que las temperaturas más bajas le dan una tregua a nuestro organismo, nos equivocamos por las razones que os cuento a continuación.

En primer lugar, la sensación de sed disminuye, ya que no soportamos un calor sofocante, pero debemos beber igualmente. Por otra parte, la ingesta de alimentos ricos en agua, como las frutas y las verduras, suele disminuir durante el invierno, ya que se suelen utilizar en verano por ser más ligeros y poder comerse frescos, evitando así el calor. Por último, es la época ideal para practicar deportes extremos, como el esquí o el alpinismo, con un gran esfuerzo que no se nota si lo medimos por lo que sudamos, pero sí consumen mucha agua de nuestro organismo.
Por todo esto, también se da la deshidratación en invierno, así que si no queréis llevaros un susto y disfrutar de vuestros deportes favoritos también en invierno, os recomiendo beber agua a menudo y seguir comiendo frutas y verduras, ya sean a temperatura ambiente o con algún proceso de cocinado para no notarlo frío.


Puedes enlazar este post desde tu blog usando el enlace de trackback.